Estudio de biomarcadores sanguíneos revela diferencias poblacionales en la enfermedad de Alzheimer
Actualizado el 19 Aug 2026
Los biomarcadores en sangre están surgiendo como herramientas para detectar cambios relacionados con la enfermedad de Alzheimer sin depender de imágenes cerebrales avanzadas ni del análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR). Sin embargo, gran parte de la investigación fundamental se ha llevado a cabo en países de altos ingresos y, en su mayoría, entre personas de ascendencia europea, lo que plantea dudas sobre hasta qué punto los biomarcadores existentes se generalizan entre poblaciones. Las diferencias en las comorbilidades y otros factores específicos de cada población también pueden influir en los niveles de los biomarcadores.
Un nuevo estudio muestra que las firmas proteicas relacionadas con el Alzheimer varían entre poblaciones, lo que subraya la necesidad de validar los ensayos en sangre en contextos diversos.

Investigadores de la Universidad de Gotemburgo realizaron en África el mayor análisis de biomarcadores del Alzheimer hasta la fecha, combinando un perfilado proteómico del plasma con biomarcadores de tau ya establecidos. El equipo examinó cómo los niveles de numerosas proteínas sanguíneas se relacionan con la probable patología amiloide y el deterioro cognitivo, ofreciendo una visión más amplia de los patrones moleculares asociados con la enfermedad que potencialmente podrían detectarse sin imágenes avanzadas ni análisis de LCR.
Los investigadores analizaron muestras de sangre de 949 adultos de 50 años o más en Nigeria. Posteriormente, los hallazgos principales se evaluaron en una cohorte independiente de 196 adultos mayores en Tanzania y se compararon con datos detallados de un estudio canadiense. El trabajo contó con la Academia Sahlgrenska de la Universidad de Gotemburgo en colaboración con la Universidad de Ibadan, en Nigeria.
Los resultados mostraron que varios biomarcadores de tau establecidos presentaban patrones similares entre los grupos africanos y norteamericanos cuando los participantes se agruparon según su probable estado amiloide. En cambio, el proteoma plasmático más amplio reveló diferencias específicas de cada población y pareció ser más similar entre las cohortes nigeriana y tanzana que entre los grupos africanos y canadienses.
Los niveles de proteínas también se asociaron con afecciones comórbidas como cardiopatía, antecedentes de enfermedades infecciosas y colesterol alto, lo que indica que estos factores deben tenerse en cuenta al interpretar los resultados y los valores de referencia.
El estudio, publicado en Nature Communications, señaló una limitación metodológica clave: la patología amiloide en las cohortes africanas no se confirmó mediante imágenes ni LCR; en su lugar, la clasificación se basó en umbrales de tau fosforilada 217 en sangre (p‑tau217) validados en poblaciones blancas no hispanas, que es poco probable que sean óptimamente adecuados para los grupos africanos.
“A medida que las pruebas de sangre empiezan a utilizarse para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer en distintas partes del mundo, necesitamos saber hasta qué punto los marcadores funcionan bien en diferentes poblaciones. De lo contrario, corremos el riesgo de diagnósticos erróneos porque gran parte del conocimiento actual se basa en una parte limitada de la población mundial. Las personas en distintas partes del mundo pueden enfrentarse a diferentes factores de riesgo y exposiciones ambientales, y tener diferentes comorbilidades”, afirmó Andrea Benedet, investigadora de la Academia Sahlgrenska, Universidad de Gotemburgo.
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Academia Sahlgrenska, Universidad de Gotemburgo







